Me desperté enredado
entre tus entrañas y tu piel.
Escribiendo poesía
en cada uno de tus huesos.


Los días de invierno,
caían mientras dormías,
cegándote.
Y yo, tan tuyo,
esperaba a la primavera,
para escapar de tu frío.


Volé a la deriva de tus pensamientos,
cuando tus pestañas fueron mis alas.





Te vi corriendo por el infinito,
Dejando la piel sobre la almohada,
Para ser libre entre las estrellas.